sábado, 23 de junio de 2007

Mi hija me dice Zorra!!

¡¿Oe qué!!! cómo vas a dejar que te falte al respeto de esa forma?!" Esto es lo que me dice la cara de la gente que escucha a mi primogénita llamarme "zorra" de vez en cuando, especialmente si estamos de buen humor (es decir, sin graves alteraciones hormonales).
Aunque nos separa una brecha generacional bien amplia, de casi 30 años, tratamos de no caernos de la cuerda floja que une ambos extremos de ese abismo. Y no ha sido nada fácil, de hecho, es una tarea diaria hasta ahora.
Por experiencia, propia y ajena, sé que tal equilibrio no es común entre madres e hijas. Existen las madres que no desean cambiar su estilo, renunciar a su poder o salir de su mundo de "señoras de la casa" (aunque trabajen fuera de ella) que tienen (o creen tener) todo bajo control, que piensan que en sus tiempos todo era mejor y que los hijos deben escuchar y obedecer. En la otra esquina están las "mami-amigas" que se alucinan de la misma edad de sus adolescentes hijas: hablan, visten y se comportan como tales sin el más mínimo pudor y para más roche todavía, delante de los amigos de la chica ("¡¡¡Máaatenmeee!!!).
Como en todo en esta vida, los extremos son perniciosos, especialmente en el caso de una relación tan delicada como la de una madre con su hija. Es cierto que no somos perfectos, ni lograremos la perfección (no está en el genoma humano, o si?) pero, habría que hacer un esfuercito por mejorar, verdad? A ver si disminuye la cantidad de muchachas embarazadas antes de tiempo, con desórdenes alimenticios, con baja autoestima y el largo etcétera que se deriva de ésta.
Claro, no vamos a hacer como los sicoanalistas freudianos que culpan de todo a la madre (Freud vivió en una época bien represiva y machista, te suena?). Nuestra sociedad es cada vez más compleja y exigente, hay mil cosas a tener en cuenta para poder vivir en ella. Tal vez por eso, perdemos de vista lo básico y simple como amar, escuchar y usar el sentido común con nuestros hijos. Desde qué darles de comer, hasta si darles permiso para pasar la noche fuera.
Lo más interesante es que no hay fómulas ni segundas oportunidades. Debemos estar atentos de una manera casi sobrenatural, con la intuición en ristre; pero perfectamente conscientes de que nos equivocaremos en algún momento y que siempre existe la posibilidad de pedir perdón y rectificar de allí en adelante.
En todo caso, planeados o no, nuestros hijos están aquí y merecen lo mejor de nosotros (de nosotros no de nuestra cuenta bancaria). Quien no considere la paternidad o maternidad su trabajo más importante, piénselo de nuevo!!

martes, 19 de junio de 2007

Papis y Mamis

Este último día del Padre me enteré que una nueva parejita, muy cercana a mi familia (la mejor amiga de mi hija) ingresará, en menos de siete meses al nunca bien sopesado mundo de los Papis y las Mamis.
Por supuesto, esta noticia desencadenó en mí, de manera fulminante, una reflexión acerca de las razones por las que muchísimos (tal vez la mayoría) de seres humanos tenemos hijos. Desde la supuestamente instintiva necesidad de perpetuar la especie hasta "porque me gusta, pues", pasando por mandatos sociales y culturales, podríamos enumerar miles de motivos, o pretextos, para traer un niño más a este mundo.
Desgraciadamente, y no hay que tener un doctorado en ninguna ciencia social para saber esto, la obscena cantidad de niños mal tratados, desatendidos, o mal queridos dentro de sus propios hogares, además de los que están abandonados a su suerte en calles y plazas en todo el orbe, confirma que fallamos rotundamente como especie en hacernos cargo debidamente de nuestras crias.
En una conversación al respecto saltó, por supuesto, el tema de si estos jóvenes padres (que ya lo son porque la paternidad, y sobre todo la maternidad, se inicia con la concepción) podrán mantener a su hijo o hija. Ella está terminando la carrera este año y él trabaja para una empresa a tiempo completo. Bueno, en este aspecto la situación no está mal. Pero, para mí, existe un pequeño gran problema: no llevan ni un año como pareja y ni siquiera viven juntos!
Pienso que esto es un error, a todas luces, y uno muy generalizado además. Una pareja para nada consolidada "decide" (es un decir) tener un hijo sobre la base de que? Del embelezamiento del uno con el otro (que no durará mucho), de la capacidad de pagar el hospital y los pañales, de la afición que ambos tienen por los niños? O, simplemente, se les "chispoteó"?
Por supuesto, no he hecho estas preguntas a los protagonistas del caso. Tal vez nunca tenga esa oportunidad debido a que no soy una metiche y, además, el paso ya se dió y no hay vuelta. Por otro lado, ambos están contentos y suponen que vivirán felices comiendo perdices. En estas ocasiones, no da ganas de meter la cuchara con una reflexión ácida sobre los desvelos, el cansancio y la preocupación que traen los bebés bajo el brazo.
No obstante, vale decir que esos "años maravillosos" de la primera y segunda infancia son muy cortos, en comparación con el resto de la vida en que este niño o niña seguirá siendo nuestro hijo o hija. Cuando menos pensemos tendremos en casa a un o una adolescente cuestionador, contestatario, monosilábico y antipático (en el mejor de los casos), poniéndonos en todos los apuros que podamos imaginar como preguntas difíciles y respuestas peores; atuendos excéntricos y actitudes que desestabilizarían al más centrado. Entonces extrañamos al bebé o al niño o niña que fue; especialmente si por trabajar para asegurar su futuro, nos perdimos casi todos esos momentos memorables en que descubrían el mundo. "Cómo quisiera que se queden así... (niños)" dicen muchos, anhelando lo imposible, recordando quizás su propia juventud y avizorando el incierto por venir.
Claro está que no todo son tinieblas!! La felicidad, gozo y satisfacción que nos brindan (y logran para sí mismos) nuestros hijos a lo largo de su vida, también son innumerables. Sólo haría falta una precisión al respecto: para que ésto se cumpla es necesario que nosotros, como padres, cumplamos con una serie de condiciones que, generalmente no se nos dan fácilmente. Por diversas razones, recibimos el diploma de Papi y Mami si haber seguido ni un cursillo siquiera! Nuestra sociedad, que se esmera en formar a los mejores profesionales para propiciar el desarrollo del país, no presta la atención debida a la "capacitación" de los futuros padres y madres. Error!!
Pero bueno, este tema continuará ....

La loca de la casa

Mi blog y yo

Siempre hay una primera vez para todo y, como toda primera vez, ésta no será perfecta ni mucho menos.

Hace poco conversaba con otras mujeres de base 3, 4 y 5 sobre estos espacios virtuales tan populares entre nuestros hijos, hermanas o hermanos menores, etc., y conincidíamos en que para nosotras es bastante difícil "lanzarnos al ciber-ruedo".

Pensándolo bien después, descubrí una fuerte contradicción entre el hecho de que puedas decir y mostrar lo que se te dé la gana de tu mundo interior, sin ser identificada. Esto, que es una característica básica de este medio, me parece bastante inquietante y seductora por ser una opción muy nueva de expresión para mí.

A esta altura de mi vida, realmente me interesa más decir lo que que quiero, antes que se sepa que proviene de mi sabio cerebro: la autoría ya no es importante. Creo que haberme movido por tanto tiempo en medios en los que la lucha de egos es tan fuerte, me ha agotado la paciencia para esa clase de manifestación humana. Sin embargo, soy consciente de que una de las paradojas humanas es la necesidad de construir un ego fuerte y saludable, a la par que tomar distancia de él al punto de tener la certeza de que no nos define ni determina.

Desgraciadamente esta relación armoniosa con nosotros mismos es, tal vez, la tarea más difícil a la que nos enfrentamos en nuestra estadía en el planeta Tierra.


Volviendo al tema del anonimato, autoría, imagen, y ego, debo decir que mi otra forma de estar en el ciber espacio es tener un sitio en My Space. No sé mucho para qué, pero ya lo descubriré. He oido mucho que dicen que quien no tiene My Space no existe, lo cual me parece gracioso y exagerado, pero, como me ocurre hace un tiempo ya, prefiero no criticar nada sin haberlo intentado antes o simplemente no hacerlo. Así que allá voy, de pantalla en pantalla, como cuando era joven iba de aquí para allá con mi presencia y mi personalidad a cuestas para regocijo de unos y espanto de otros.

Entonces, los temas que aborde en este blog, supongo que serán los que me salgan de forro, como ahora.