martes, 19 de junio de 2007

Papis y Mamis

Este último día del Padre me enteré que una nueva parejita, muy cercana a mi familia (la mejor amiga de mi hija) ingresará, en menos de siete meses al nunca bien sopesado mundo de los Papis y las Mamis.
Por supuesto, esta noticia desencadenó en mí, de manera fulminante, una reflexión acerca de las razones por las que muchísimos (tal vez la mayoría) de seres humanos tenemos hijos. Desde la supuestamente instintiva necesidad de perpetuar la especie hasta "porque me gusta, pues", pasando por mandatos sociales y culturales, podríamos enumerar miles de motivos, o pretextos, para traer un niño más a este mundo.
Desgraciadamente, y no hay que tener un doctorado en ninguna ciencia social para saber esto, la obscena cantidad de niños mal tratados, desatendidos, o mal queridos dentro de sus propios hogares, además de los que están abandonados a su suerte en calles y plazas en todo el orbe, confirma que fallamos rotundamente como especie en hacernos cargo debidamente de nuestras crias.
En una conversación al respecto saltó, por supuesto, el tema de si estos jóvenes padres (que ya lo son porque la paternidad, y sobre todo la maternidad, se inicia con la concepción) podrán mantener a su hijo o hija. Ella está terminando la carrera este año y él trabaja para una empresa a tiempo completo. Bueno, en este aspecto la situación no está mal. Pero, para mí, existe un pequeño gran problema: no llevan ni un año como pareja y ni siquiera viven juntos!
Pienso que esto es un error, a todas luces, y uno muy generalizado además. Una pareja para nada consolidada "decide" (es un decir) tener un hijo sobre la base de que? Del embelezamiento del uno con el otro (que no durará mucho), de la capacidad de pagar el hospital y los pañales, de la afición que ambos tienen por los niños? O, simplemente, se les "chispoteó"?
Por supuesto, no he hecho estas preguntas a los protagonistas del caso. Tal vez nunca tenga esa oportunidad debido a que no soy una metiche y, además, el paso ya se dió y no hay vuelta. Por otro lado, ambos están contentos y suponen que vivirán felices comiendo perdices. En estas ocasiones, no da ganas de meter la cuchara con una reflexión ácida sobre los desvelos, el cansancio y la preocupación que traen los bebés bajo el brazo.
No obstante, vale decir que esos "años maravillosos" de la primera y segunda infancia son muy cortos, en comparación con el resto de la vida en que este niño o niña seguirá siendo nuestro hijo o hija. Cuando menos pensemos tendremos en casa a un o una adolescente cuestionador, contestatario, monosilábico y antipático (en el mejor de los casos), poniéndonos en todos los apuros que podamos imaginar como preguntas difíciles y respuestas peores; atuendos excéntricos y actitudes que desestabilizarían al más centrado. Entonces extrañamos al bebé o al niño o niña que fue; especialmente si por trabajar para asegurar su futuro, nos perdimos casi todos esos momentos memorables en que descubrían el mundo. "Cómo quisiera que se queden así... (niños)" dicen muchos, anhelando lo imposible, recordando quizás su propia juventud y avizorando el incierto por venir.
Claro está que no todo son tinieblas!! La felicidad, gozo y satisfacción que nos brindan (y logran para sí mismos) nuestros hijos a lo largo de su vida, también son innumerables. Sólo haría falta una precisión al respecto: para que ésto se cumpla es necesario que nosotros, como padres, cumplamos con una serie de condiciones que, generalmente no se nos dan fácilmente. Por diversas razones, recibimos el diploma de Papi y Mami si haber seguido ni un cursillo siquiera! Nuestra sociedad, que se esmera en formar a los mejores profesionales para propiciar el desarrollo del país, no presta la atención debida a la "capacitación" de los futuros padres y madres. Error!!
Pero bueno, este tema continuará ....

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